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25 de noviembre de 2008


Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de í una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío.


(..)


Antes de conocerte, nunca había pasado más de dos horas con una chica sin cansarme y hacérselo notar. Lo que me cautivaba de ti era que me hacías acceder a otro mundo. Ese mundo me encantaba. Podía evadirme entrando en él, sin obligaciones ni pertenencias. Contigo me encontraba en otra parte, en un lugar extranjero, extraño a mí mismo. Me ofrecías el acceso a una dimensión de alteridad suplementaria, a mí que siempre rechacé cualquier identidad y fui acumulando identidades que no me pertenecían.


(...)


No había ningún lugar en el mundo de los adultos que te perteneciera. Estabas condenada a ser fuerte porque todo tu universo era precario. Siempre sentí tu fuerza, a la vez que tu fragilidad oculta. Me gustaba tu fragilidad superada; admiraba tu fuerza frágil. Ambos éramos hijos de la precariedad y el conflicto. Estábamos hechos para protegernos mutuamente contra la una y el otro. Necesitábamos crear juntos, uno por el otro, el luegar en el mundo que nos había sido originariamente negado.




André Gorz, Carta a D. Historia de un amor...


nueva colaboración en botones verdes (: lecturas de viaje...tan, tan triste... pero un gran libroÜ

^-^hay fines de semana que deberían no acabarse nunca, quiero volver a Siberia... ):

1 comentario:

Miguel dijo...

¡Lindísimo!
Me gustó muchísimo. También me gustó como extrajiste los párrafos concretos y los destacaste.
Buen post.

Beso