.

.

26 de marzo de 2009

Ôshima cierra la cabaña con llave. Me vuelvo y le dedico una última mirada. Pese a haber vivido en ella hasta hace unos pocos instantes, todo lo referente a la cabaña me parece ahora una fantasía. Me basta con dar unos pasos para que todas las cosas que contiene dejen de parecerme reales. Incluso esa parte de mi propia persona que había estado allí hasta hace unos instantes se me antoja un ser imaginario. Tardamos una media hora en llegar, a pie, hasta el luegar donde Ôshima ha dejado el coche. Descendemos por el camino de montaña sin hablar apenas. Ôshima canturrea una melodía. Yo me pierdo en pensamientos deshilvanados.
Haruki Murakami, kafka en la orilla.

imagen: Ramón Casas i Carbó, joven decadente(después del baile) 1895

No hay comentarios: