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25 de diciembre de 2009


¡Imbéciles! He corrido las cotinas la luz idiota de los faroles de Navidad no entra en el apartamento, pero los ruidos atraviesan las paredes. Los motores, los frenos y ahora se ponen a tocar la bocina se creen campeones al volante de sus 404 modelo familiar semisport de tres al cuerto, de sus Dauphine lastimosos, de sus cabriolés blancos. Un cabriolé blanco con cojines negros eso sí que es bonito y los tipos silbaban cuando yo pasaba unos impertinentes oblicuos sobre mi nariz un pañuelo de Hermès con la cabeza. ¡Y ellos que creen enloquecerme con sus caras mal lavadas y los aullidos de sus bocinas! Si se hicieran papilla justo aquí bajo de mi ventana eso sí me divertiría. Asquerosos, me rajan los tímpanos y yo ya no tengo tapones; los dos últimos amortiguan la campanilla del teléfono, están completamente asquerosos y prefiero tener las orejas rotas antes que escuchar sonar el teléfono. Suprimir ese escándalo, ese silencio: dormir. Y no cerraré un ojo, ayer no pude sentía terror de que fuera la víspera de hoy. He tomado tantos somníferos que ya no hacen efecto y ese médico es un sádico me los da en un supositorios no puedo cargarme como un cañón. Tengo que descansar es preciso mañana quiero tener mi oportunidad con Tristan; anda de lágrimas ni gritos.
(…)
Se ceban de foie-gras podrido, pavo quedamo y se relamen.

La mujer rota
Simone de Beauvoir

1 comentario:

David C. dijo...

Felices Fiestas. He mudado mis blogs a mi Blog "Cine para usar el Cerebro". Saludos.