.

.

4 de marzo de 2010


Cuenta Von Scheffel en una de sus novelas que los caudillos hunos, Ellak y Hornebog, se encuentran en la biblioteca del monasterio que acababan de incendiar. Aparecen allí restos del conocido libro de Boecio, De la consolación de la filosofía. Ante el interrogante de Ellak, Hornebog le ofrece esta explicación: “Mira, cuando alguien no sabe por qué se encuentra en este mundo e insiste en quererlo saber, he ahí lo que en Roma llaman filosofía”. Y hace luego esta valoración: “¿Sabes que es una suerte que se haya inventado todo eso?”Pensándolo bien, la mano que ha tomado el cálamo ya no sabrá empuñar una espada. Y, una vez puesta en un libro, la locura que ha invadido esta cabeza será capaz de incendiar otras cien cabezas. Pero cien almas de cántaro más son cien guerreros menos. ¿No te parece que tengo razón?”.


Los filósofos en la sociedad: historia de un desencuentro.


Julián Arroyo