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29 de junio de 2010

Las oposiciones (artículo de Luís García Montero)

- ¿Cómo le han salido las oposiciones al primo Paco?

Estamos en época de oposiciones. La llegada del verano coincide también con la convocatoria de plazas y tribunales. Miles de hombres y mujeres que quieren trabajar, por ejemplo, en la enseñanza pública, buscan un puesto en un instituto o en un colegio, un camino seguro para desarrollar su vocación. El trabajo se alía con la suerte, la sabiduría con la oportunidad de la pregunta que caiga en esta ocasión, y los deseos de muchos jóvenes dependen de la realidad de las plazas convocadas. A Elisa le parecen mal las oposiciones.

- Tienes mala suerte, y tiras a la basura muchas horas de trabajo. Las apruebas, y ya tienes un trabajo seguro para siempre.

- ¿Pero te parece mal que los trabajos sean seguros?

- No, pero…

- Pues ten cuidado, porque a veces se nos cuelan las modas en la cabeza sin darnos cuenta. Como se está haciendo toda una ética del recorte social y de la flexibilidad laboral, de pronto nos salen opiniones en contra de los funcionarios o de la seguridad en los trabajos. Para que exista una buena enseñanza pública, resulta necesario que el Estado asegure la calidad de los docentes. Un colegio privado contrata a quien quiere. A veces es un amigo de un familiar, o de alguien que pertenece a una secta, o a un grupo político o religioso. Las oposiciones sirven para fijar la valoración pública del docente.

- Y luego aprueban, y ya pueden dormirse.

- O no. Eso depende de la responsabilidad de cada uno. Hay gente vaga y gente con inquietud, pero como en todas partes. Yo conozco muchos profesores que están al día, que se preocupan por seguir investigando o estudiando. Y te digo una cosa: en las empresas privadas, en las ventanillas privadas, pasa lo mismo. Casos de despilfarro y vagancia se dan también en el sector privado. Y nunca los echan si son pelotas, y le caen bien al jefe, y no dan problemas. El descrédito de lo público es una de las grandes mentiras del mundo en el que vivimos. Esta crisis que ahora se vive, nace por la mala gestión de intereses privados.

- No hablemos otra vez de la crisis.

- No, hablemos de las oposiciones. El primo Paco aún no se ha examinado. No quiere ser profesor de instituto, sino juez. Y ahí sí tienes razón. Habría que darle una vuelta a la forma de ingreso en la carrera judicial.

-¿Por qué?

- Fíjate en Paco. Lleva cuatro años sin salir de su casa. La mayoría de la gente necesita ponerse a trabajar en cuanto puede. Así que a juez o a fiscal suelen dedicarse personas con mucha capacidad económica y con una ideología familiar elitista. Digo que suelen dedicarse…, porque aquí también hay de todo. Además son oposiciones basadas en una mitología de la tortura estudiantil. Paco no sale nada más que para visitar a su preparador. No va al cine, no lee los periódicos, no ve a su novia, no conoce el mundo. Estudia, estudia, estudia, se aprende de memoria un temario. Parece que está dejando de ser persona.

- Quiere aprobar…

- Y cuando apruebe, y esté desconectado del mundo, y casi haya dejado de ser persona, pondrán en sus manos el poder de sentenciar sobre la vida de las personas. En el mejor de los casos, se dedicará a aplicar la ley como un protocolo, sin saber mirar a los ojos, sin capacidad de comprender la realidad que tiene delante. En el peor de los casos, se creará un dios repentino y dictará sentencias caprichosas.

- ¿Entonces?

- Que no podemos meternos con las oposiciones porque signifiquen un acceso a la función pública, la manera de conseguir un trabajo seguro. Eso está muy bien. Lo que hay que revisar en cada caso es el modo de selección de los representantes del Estado. A mí me parece muy imprudente el que se utiliza para nombrar jueces

1 comentario:

GM dijo...

Pero vengo...
Más de una vez me siento expulsado y con ganas
de volver al exilio que me expulsa
y entonces me parece que ya no pertenezco
a ningún sitio, a nadie.
¿Será en indicio de que nunca más
podré no ser un exiliado?
¿Qué aquí o allá o en cualquier parte
siempre habrá alguien que vigile y piense,
éste a qué viene?
Y vengo sin embargo tal vez a compartir cansancio y vértigo
desamparo y querencia
también a recibir mi cuota de rencores
mi reflexiva comisión de amor
en verdad a qué vengo
no lo sé con certeza
pero vengo.