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23 de diciembre de 2010


(…)He puesto los primeros ejemplos que me han venido a la cabeza, pero podría haber citado muchos otros. El de una persona nacida en Belgrado de madre serbia y padre croata. El de una mujer hutu casada con un tutsi, o al revés. El de un norteamericano de padre negro y madre judía…

Son – pensarán algunos – casos muy particulares. No lo creo, sinceramente. Las personas de esos ejemplos no son las únicas que tiene una identidad compleja. En todos nosotros coinciden pertenencias múltiples que a veces se oponen entre sí y nos obligan a elegir, con el consiguiente desgarro. En unos casos, la cuestión es, de entrada, evidente, pero en otros hay que hacer un esfuerzo para reflexionar con más detenimiento.

En la Europa actual, ¿Quién no percibe una tensión, que de necesidad va a ser cada vez mayor, entre su pertenencia a una nación multisecular- Francia, España, Dinamarca, Inglaterra…- y su pertenencia a la unión continental que se está construyendo? ¿Y cuántos europeístas sienten también, desde el País Vasco hasta Escocia, que pertenecen de una manera poderosa y profunda a una región, a su pueblo, a su historia y a su lengua? ¿Quién en Estados Unidos, puede pensar en el lugar que ocupa en la sociedad sin remitirse a sus lazos con el pasado, sean africanos, hispánicos, irlandeses, judíos, italianos, polacos o de otro origen?

Dicho esto, no tengo inconveniente en admitir que los primeros ejemplos que he puesto sí son en cierto modo particulares. Todos ellos se refieren a personas con unas pertenencias que hoy se enfrentan violentamente; son de alguna manera personas fronterizas, atravesadas por unas líneas de fractura étnica, religiosa o de otro tipo. Debido precisamente a esa situación, que no me atrevo a llamar “privilegiada”, tienen una misión: tejer lazos de unión, disipar malentendidos, hacer entrar en razón a unos, moderar a otros, allanar, reconciliar… su vocación es ser enlaces, puentes, mediadores entre las diversas comunidades y las diversas culturas. Y es justamente por eso por lo que su dilema está cargado de significado: si esas personas no pueden asumir por sí mismas sus múltiples pertenencias, si se las insta continuamente a que elijan un bando u otro, si se las conmina a reintegrarse en las filas de su tribu, entonces es lícito que nos inquietemos por le funcionamiento del mundo.

Si se las “insta” a elegir, si se las “conmina”-decía-. ¿Quién las conmina? No sólo los fanáticos y los xenófobos de todas las orillas: también tú y yo, todos nosotros. Por esos hábitos mentales y esas expresiones que tan arraigados están en todos nosotros, por esa concepción estrecha, exclusivista, beata y simplista que reduce toda identidad a una sola pertenencia que se proclama con pasión.

¡Así es como se “fabrica” a los autores de las matanzas! – me dan ganas de gritar-. Es ésta una afirmación un poco radical, lo reconozco, pero trataré de explicarla en las páginas que siguen.

Amin Maalouf, Identidades asesinas.




Gaya en el Mercado de Verónicas, últimas lecturas del año, brownies & baileys (:

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