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20 de enero de 2011

A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez. Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo. Y, sin que su furia amainara un ápice, barrió el océano, arrasó sin misericordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India repletas de manadas de desafortunados tigres y, convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exótica ciudad amurallada. Fue un amor glorioso, monumental. La persona de quien Sumire se enamoró era diecisiete años mayor que ella, estaba casada. Y debo añadir que era una mujer. Aquí empezó todo y aquí acabó(casi) todo.

H. Murakami. Sputnik, mi amor

“Our lives are determined by manifold contingencies”, I said, trying to be as succinct as possible, “and every day we struggle against these shocks and accidents in order to keep our balance. Two years ago, for reasons both personal and philosophical, I decided to give up the struggle. It wasn´t because I wanted to kill myself- you mustn´t think that- but because I thought that by abandoning myself to the chaos of the word, the world might ultimately reveal some secret harmony to me, some form or pattern that would help me to penetrate myself. The point was to accept things as they were, to drift along with the flow of the universe. I´m not saying that I managed to do this very well. I failed miserably, in fact. But failure doesn´t vitiate the sincerity of the attempt. If I came close to dying, I nevertheless believe that I´m a better person for it.”

P. Auster. Moon Palace.

1 comentario:

5minutos dijo...

:O Has terminado ya el de Sputnik? Lo tenemos que comentar!

Por cierto, ayer oí en la radio que hoy se publicaba el primer número de una nueva revista de filosofía :)