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8 de febrero de 2011

El tiempo y sus precipitados re-encuentros...

Tiene el tiempo una curiosa estructura, más allá del empirismo y de las construcciones metafísicas.

Topo durante unos minutos con dos bolsas llenas de libros al lado de un contenedor de basura. El autobús tardará un rato, así que tengo tiempo de echarles un vistazo. Una edición de Jane Eyre del 74, conserva todavía intacto el precio. 175 pesetas. Pesetas... Me resulta melancólico ver todos esos libros como expectantes ante el contenedor de la basura. Echo un vistazo a todos y salvo del atolladero a Jane Eyre, rebelión en la granja, ¿qué es filosofía? Y una historia sobre el bandidaje en Nueva York.

Me sigue pareciendo un espectáculo tristísimo…

Curiosamente, al acabar el día cuando vuelvo a pasar por ahí ya no queda ninguno. Puede que alguien se encargara de dar cobijo al resto de libros.

A unos cuantos kilómetros de aquí, topas con monedas en una enorme plaza. La curiosa pérdida me recuerda a mi hallazgo y no dejo de pensar en la suerte del que encuentra sin buscar y del que encuentra algo dónde, probablemente, nadie vería nada. Topar con un pequeño gesto en medio de tanta desolación y desconcierto. Algo tan absurdo y banal que le da al día un color diferente y a la espera, un textura de tinte emocional. Puede que por todo ello me diga tanto la imagen, Tiempo y lugar (2004), de Richard Wentworth.

Porque en el tiempo son las letras que nos cambian y el lugar una metáfora para medir distancias.

pd= Gracias por la imagen y la banda sonora (:



1 comentario:

Anónimo dijo...
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